22 de marzo de 2012




SOMOS

Somos en los otros. Se nos reconoce por detalles, se nos conoce por lo que visualizan de nosotros. 
¿Es real? ¿Somos eso? 
Los demás nos perciben según su posibilidad, según su visión, según su individualidad .... aquello de "todo es según el color del cristal con que se mira" ??  A veces dirán "ella es así" y paf!: etiquetada quedarás. 
En las familias, suele hacerse público  lo que cada quien manifiesta y luego está en la obligación de responder a ese requerimiento, de estar "a la altura" y la persona se esfuerza por ser: el que come muchos dulces, el que cuenta chistes, el gruñón, el que duerme mucho, el inteligente, el intelectual, el organizado, el perfeccionista ......  Con lo cual se potencia aquello positivo y aquello negativo de cada quien y queda atrapado en el círculo vicioso. 
¡Y ni hablar de cuando somos en supuestos "defectos" físicos! 
Pero también somos en los otros cuando trascendemos y comprendemos y ayudamos y apoyamos. Somos cuando estamos en servicio y ese "ser" nos retorna. Y también somos.
También somos para los que nos aman y conocen muy íntimamente, en detallecitos como un lunar, un hoyuelo, una preferencia musical, un gusto por un vino determinado o un autor o una música que resuena en nosotros. Pero, cuando esos otros que nos conocían tan bien ya no están, ¿dejamos de ser? ¿Quién nos reconoce, nos identifica como únicos, especiales? 
También somos cuando actuamos un rol: empleado, esposo, de tal etnia, de tal religión, profesional, padre, consejero. ¿Somos eso? 
Eso que nos identifica, que nos da la base donde nos apoyamos y que nos hace creer que SOMOS. 
También somos cuando seguimos rutinas diarias. Nos identificamos con ellas. 
Todos estos somos nos dan una supuesta seguridad, una plataforma. Pero, no somos. Estamos dormidos si creemos que somos por todo lo dicho. No necesitamos ese "somos". 
Todo eso es pura ilusión, es la fortaleza donde escondemos los miedos, muy especialmente el de buscarnos y ser dueños de nosotros mismos y asumirnos como responsables genuinos de nuestro libre albedrío, seres centrados y plantados en nuestro propio camino con firmeza, constancia, serenidad, paciencia, compasión, desapego y seguros con nuestras alas listas para el despegue. 

9 de marzo de 2012

EL MIEDO ..... LOS MIEDOS ...

Según el Diccionario de la Real Academia Española:


miedo.
(Del lat. metus).
1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

¿Quién no siente miedo? ¿Quién no ha sentido miedo? ¿Cuántos tipos de miedo? Pero ... ¿dónde se origina que sintamos miedo, que tengamos miedo, que seamos poseídos por el miedo? 

Hay un miedo sano, que es el que nos preserva, el que nos empuja la propia fuerza de la vida. El que nos lleva a tener cuidado en situaciones que nos pueden poner en peligro. Hay algún tipo de desorden que hace que la persona que lo padece no sienta el dolor, así que está en peligro permanente: no siente cuando se quema, cuando se corta ... no hay dolor .... no hay miedo. 

¡Ah! Entonces, ¿el miedo está relacionado con el dolor?  ¿ Tenemos miedo al dolor? ¿Tenemos miedo a sufrir?  Otro miedo más. Hay personas que han sufrido la pérdida de una pareja y digo bien: sufrido  y quedan tan afectadas y con tanto miedo a sufrir, que no vuelven a relacionarse con nadie más. Paralizan su crecimiento y se niegan a experimentar algo que seguramente será enriquecedor. Tienen miedo al dolor ... porque lo conocen. Lo conocen y no les gustó. 

Es decir, hay una situación vivida y según la energía asociada, permanecerá en el tiempo como una limitante en nuestro camino. En este caso, hay que hacer una limpieza de esas energías negativas que han ocasionado bloqueos a emociones positivas originadas en un hecho vivido. No son los hechos los que nos "marcan", sino las energías y emociones asociadas a ellos.  Al limpiar, el miedo debe desaparecer. 

Hay miedos que paralizan: estos son peligrosos. Nos estancan impidiendo nuestro crecimiento, cerrando posibilidades, oportunidades, enfermándonos. Podemos reconocerlo cuando aparecen señales externas: hombros encogidos y alzados, mandíbulas cerradas fuertemente, respiración entrecortada y rápida, abdomen contraído, puños cerrados, ceño fruncido. Se bloquea nuestro entendimiento. No vemos soluciones, no vemos futuro. Estamos en un presente esclavo del pasado, de un hecho del pasado que nos marcó. En estos miedos hay ausencia de fe, de auto-conocimiento, de valoración, de autoestima. 

¿Cómo salir de esta celda en la que nos hemos encerrado voluntariamente, aún sin nuestro consentimiento?  

Un amigo decía "pasa el switch". Cambia de ánimo voluntariamente, con desapego, soltando, dejando caer, liberando. Una opción. Fácil. Rápida. Pero, hay veces que no basta con la voluntad.  No se ve la salida, no se puede. Aquí se impone contactarse con la respiración: enfocarse, estar pendiente de inhalaciones y exhalaciones. Se van aflojando las tensiones y se va tomando contacto con el cuerpo, se siente la ropa que  cubre, el roce con el asiento. Buscar aquietar la mente. Meditar. Orar. Cuando se reconoce el problema, se inicia el proceso de encontrar la solución. 

En forma práctica, tomar lápiz y papel y escribir qué se siente, desde cuándo, dónde nace esto. Hacer listas de aspectos positivos y negativos. Evaluar situaciones. Anotar soluciones. SIN LIMITACIONES, SIN TRABAS, SIN REPETIRNOS QUE NO SERVIMOS, NO LO MERECEMOS, DE QUE SIRVE, ETC.  Esa voz interna que nos habla sin que nos demos cuenta o tal vez ni siquiera llega a ser una voz ya que es un convencimiento. 

Es un trabajo. Sí. Pero una tarea PRODUCTIVA, que nos pondrá en marcha, que movilizará nuestra energía, que mandará mensajes al espacio (por llamarlo de alguna manera) que tendrán respuesta. Somos lo que pensamos. Es tan poderosa la palabra, que aún aquella que no emitimos, que solo escuchamos en nuestra mente, que visualizamos en imágenes positivas o negativas,  se convierten en realidad. Cuesta entender que somos lo que pensamos, que  creamos nuestro futuro. Que vivimos lo que hemos elaborado. Día a día. 

Para comprobarlo, analicemos nuestra vida, nuestros logros, nuestras dificultades. Sin culpa, sin recriminaciones. Es un aprendizaje. Hemos venido para eso, experimentamos, probamos, aplicamos ensayo-error. Siempre con  el convencimiento de que  aprenderemos y creceremos. 

Pero a veces  no podemos hacer esto solos, entonces, no dudemos en buscar ayuda:  comentarlo con un amigo nos abre a una nueva perspectiva. Una palabra dicha por otra persona, inicia el camino del entendimiento, de la solución, de una nueva visión. Si tenemos la posibilidad, recurrir a buscar la ayuda profesional de terapeutas capacitados. Si practicamos alguna religión oficial, encontraremos  guías espirituales siempre disponibles en ellas. 

El abanico de posibilidades es muy grande, las opciones son muchas y muy variadas. El solo hecho de saber que es así y tener la bendición de sentir esperanza y confianza, harán que logremos vencer o tal vez minimizar los miedos paralizantes, que desaparezcan angustias, recelos, aprensión y lanzarnos a vivir la vida con el convencimiento que somos seres espirituales teniendo una experiencia física.