30 de octubre de 2014

LA CIUDAD DE MIS RAICES

Hace unos años, y después de 20 años de haber dejado mi ciudad, regresé y comprendí aquello de "las raíces" al caminar las calles de Rosario. Es indescriptible lo que se siente. Solo puede saberlo quien lo ha experimentado. Y, aún así, seguramente cada uno lo vive de una manera particular. 

He regresado varias veces desde entonces, menos de las que desearía, lo confieso. Cada vez, disfruto infinitamente compartir con mis afectos: familiares, viejos amigos y compañeros de estudio y de trabajo. Todos, conectados de alguna manera con mi vida, que han contribuido a conformar quien soy, quien voy siendo, en este camino de ir construyéndome. 

Cada vez la encuentro igual, pero diferente. La construcción de grandes torres guardando el amado río Paraná; en otras zonas,  los edificios nuevos levantados en lugar de aquellas típicas casas de principios del siglo XIX; el hermosísimo Boulevard Oroño, al que pronto van a acariciar con alguna mejora; las conocidas calles del barrio de mi infancia, tan cambiadas con negocios, tiendas, bares;  árboles y más árboles. Una ciudad que tiene una intensa vida cultural, reflejada en sus teatros, galerías de arte, monumentos, que es un museo vivo cuando la recorres prestando atención a los edificios emblemáticos y conoces su historia. Nunca suficiente para el exigente rosarino, que espera más de sí mismo y de su ciudad. 

La encuentro igual, en cuanto a su gente: cálida, amable, simpática atendiendo al visitante. Igual, pero enriquecida por el paso de los años; en mis viejos amigos, que han florecido en hermosos hombres y mujeres, ya abuelos, con la juventud interna en una actitud activa y alegre, superadas las barreras que nos imponen los años cuando vamos creciendo. Enriquecida por los sobrinos y primos multiplicados en pequeños creciendo en la continuidad familiar. 

Está diferente en su aspecto externo, como yo, pero enriquecida en el interno, como yo. Como mis amigos, como mis familiares, como los viejos árboles del Parque Independencia. La vida es hermosa. La vida es compleja y simple. ¡En nuestra historia personal encontramos tanto para aprender, para gozar, para compartir, para brindar! Me siento bendecida por poder disfrutar este enriquecimiento creciente, que aportan los años y las vivencias capitalizadas. 

Octubre 30 de 2014

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